Estrategia de vida y felicidad

Por Deborah Levit, Sicóloga, Equipo Metodológico Economía Real y Luz María Montero, Socióloga Economía Real.


¿Hay una relación directa entre lo que tenemos y nuestra felicidad? ¿De qué formas buscamos ser felices?, ¿Hemos reflexionado sobre estos temas? ¿Qué es finalmente la felicidad?.

Quizás estas preguntas nos sonaran etéreas, complejas y difíciles de abordar sin una reflexión un poco más detenida y profunda, que toque ámbitos relacionados a nuestra realización personal, autoestima, proyecto de vida, aspiraciones, sueños y satisfacciones.

La búsqueda de la felicidad no tiene un mapa, tampoco es una receta de cocina. Hay quienes buscarán ciertos objetivos para alcanzarla y para otros dependerá de una actitud de vida que nada tiene que ver con la consecución de ciertos objetivos tales como encontrar el amor de la vida, adquirir el auto deseado, comprar la casa propia o hacer el viaje soñado. Algunos persiguen a tientas en cada paso ser felices, mientras otros ni siquiera se lo plantean. Incluso hay quienes buscan ser felices en los lugares equivocados, truncando su posibilidad de serlo, pero ni siquiera se han dado cuenta de ello…

Pues bien, nos resultará evidente que la felicidad no tiene una definición universal, en tanto se encuentra en un ámbito no material y subjetivo, a diferencia por ejemplo de la economía, que se encuentra en un ámbito concreto y productivo, relacionado con la valorización y transacción de bienes y servicios en el mercado. ¿Qué tiene que ver entonces el plano económico con la felicidad? ¿Cuál es el enfoque que adquiere eso que llaman “Economía de la felicidad”?

Para entender esta conjunción debemos primero entender el desplazamiento desde un campo económico donde la acción humana se concibe de manera instrumental, es decir, calculando los costos y beneficios de las prácticas, a una economía que busca un fundamento ético/moral. Más allá de la simple valorización económica que el dinero puede expresar, encontramos una acción y razón ligada a nuevos valores como el bienestar social. De esta forma la economía debe estar al servicio de la ética y no sólo al de acumulación de capital. Respondiendo así a cuestiones fundamentales: el cómo y el para qué queremos vivir nuestra vida y qué criterios de bienestar queremos para la sociedad. Más todavía, ¿cómo podemos reordenar nuestra vida económica para reconquistar la confianza, los lazos comunitarios, la sostenibilidad ambiental?

Cuando hablamos de la calidad de vida de una determinada población, es más que la cantidad de dinero que está disponible para ellas. Nos debemos preguntar cómo es la distribución de esos recursos y qué hacen en la vida de las personas. Necesitamos información referente a las expectativas de vida, respecto al acceso a servicios como salud y educación y el tipo y calidad de ésta. Preguntarnos también sobre el trabajo, sí los trabajadores están satisfechos o no con éste, que tipo de relaciones laborales existen, etc.

Desde la Economía de la felicidad no se niega el progreso económico, se tiene en cuenta que éste es necesario para cubrir determinadas necesidades sin las cuales es imposible pensar en ser felices. Pero se sobrepasa el economicismo, toda vez, que ámbitos sociales, culturales y de realización personal entran en juego a la hora de hablar de progreso económico, desarrollo humano, bienestar, etc.

No se hablará entonces de riqueza, acumulación y de subordinar, nuestras metas a la búsqueda de éstas, sino a la dedicación que también le damos a nuestro tiempo libre, a nuestra familia, amigos, a la recuperación de la confianza social, a preguntarnos por el tipo de vida que estamos viviendo y el tipo de mundo que dejaremos para los que vienen…

El reino de Bután, en el Himalaya es pionero en estas temáticas. Hace 40 años su rey decidió desplazar al PIB (Producto Interno Bruto) por la FNB (Felicidad Nacional Bruta), de esta forma se ha optado por un camino alternativo y holístico para el desarrollo que no se basa sólo en el crecimiento económico sino en cuestiones como la salud mental, la cultura, la comunidad y la compasión.

Esto, considerando el actual estado de las cosas, puede parecernos utópico, algo ideal sólo capaz de ser implementado en países de desarrollo incipiente y con otra cultura no acorde a la nuestra, más ligada a la competencia exacerbada y la individualidad. Sin embargo queremos dejar para la reflexión estos aspectos que sobrepasan aquella búsqueda de “mi propia felicidad”, y hablan de un bienestar social recuperando cuestiones fundamentales como es el vivir en comunidad y preocuparnos del otro, de cómo está, cuáles son sus condiciones de vida y que necesita para ser feliz.